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Liberteña descubre que cáscara de camote desacelera el crecimiento de tumores cancerígenos

Pruebas realizadas en roedores evidenciaron efectos positivos, afirma científica Carmen Rosa Silva Correa

El camote, esa planta de porte rastrero y vivaz que echa raíces dulces que potencian muchos potajes icónicos de la gastronomía peruana, tiene propiedades para desacelerar el crecimiento de tumores cancerígenos en la mama, uno de los tipos de cáncer que más muertes en mujeres registra en el país y el mundo. Sin embargo, los hombres tampoco están a salvo.

La evidencia más antigua del consumo de dicho tubérculo fue encontrada en Perú y tendría unos 8,000 años, pero en la actualidad se cultiva y consume en todo el mundo; sin embargo, no es en la pulpa dulce donde están las propiedades contra los tumores, sino en la cáscara.

Carmen Rosa Silva Correa, científica de la Universidad Nacional de Trujillo e investigadora del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (Concytec), lleva alrededor de una década dedicada a la investigación de especies vegetales para la prevención de muchas enfermedades; sin embargo, durante más de un año, como parte de su tesis doctoral, estuvo trabajando en el análisis del extracto etanólico del Ipomoea batatas, comúnmente conocido como camote.

Propiedades antitumorales

En el 2018, gracias al financiamiento del Concytec, logró descubrir el potencial cicatrizante del camote, por eso decidió seguir estudiando el tubérculo y encontró que tenía propiedades antitumorales.

Para llevar a cabo la investigación, se preparó el extracto etanólico utilizando las cáscaras de las raíces de camote, dejando macerar en etanol de 96° acidificado a pH 3,5, luego se conformó cuatro grupos experimentales para la evaluación de su evolución.

El grupo control DMBA estuvo conformado por 10 ratones hembras (Rattus norvegicus var. Albinus), que recibieron 7,12 – dimetilbenzo (a) antraceno (DMBA), carcinoma de cáncer de mama, en una sola dosis de 20 mg vía subcutánea y solución salina fisiológica vía oral por cuatro meses.

Al grupo Problema I, también compuesto por 10 ratones hembra, recibieron una dosis de DMBA y 200 mg de extracto de camote por cuatro meses. El grupo Problema II recibió 400 mg de extracto de camote por 16 semans y el grupo Problema III recibió 600 mg de esta medicina por el mismo periodo de tiempo.

Los especímenes fueron evaluados semanalmente mediante palpación a nivel de la pared toracoabdominal y la región inguinal, para detectar la presencia de tumores y registrar el tiempo de aparición de los tumores mamarios; luego de ello, los animales fueron eutanizados, a fin de extraer los tumores y determinar el volumen de cada tumor y realizar el análisis histopatológico.

Luego de cuatro meses, los resultados evidenciaron que el grupo control DMBA presentó desarrollo tumoral mamario, con características histológicas de carcinoma ductal y presencia de áreas necróticas; mientras que los grupos que sí recibieron el extracto de Ipomoea batatas presentaron una disminución del volumen tumoral y a nivel histológico mostraron recuperación del conducto ductal y no se evidenciaron áreas de necrosis.

“Por cuatro meses hemos administrado el extracto de camote morado en estos especímenes con inducción de cáncer y al final hemos observado una disminución bastante notoria, que alcanza hasta el 80 % de disminución del tamaño normal de un tumor frente a un espécimen que no ha recibido ningún tipo de tratamiento de ningún extracto”, indicó.

Carmen Silva afirma que estos resultados confirman que estamos ante un alimento con gran capacidad funcional y quimio preventiva, y es necesario recomendar a la población el consumo de cáscaras de camote por su potencial terapéutico, y que mejor si es un recurso nativo de nuestro país.

No obstante, la investigadora es consciente que consumir la cáscara de algunos tubérculos aún no es común en nuestra sociedad, y por eso recomienda alguna otra solución para que pueda ser ingerida por la población.

“Es muy soñador lograr la cura, pero es lo ideal; sin embargo, sabemos que por las características de las plantas medicinales podrían detener el crecimiento tumoral, eso comparado con el ser humano sería variar los tiempos de aparición del tumor, por lo que podría detectarlo en menor tiempo, llevar el tratamiento el tratamiento idóneo, la quimioterapia o radioterapia de ser necesario”, sostuvo.

Trabajo en equipo

Durante el proceso contó con el apoyo de los miembros del Grupo de Investigación en Compuestos Bioactivos de Interés Biológicos (C-BIOB), un equipo multidisciplinario integrado por médicos, microbiólogos, ingenieros, estadistas, administradores entre otros profesionales de primer nivel.

“Nuestro grupo de investigación es interdisciplinario, y una de nuestras metas es encontrar los compuestos bioactivos en fuentes naturales que son los extractos vegetales, en esa línea de investigación nosotros hemos dado inicio del estudio de las plantas con potencial antitumoral”, apuntó.

También existe una alianza con la Universidad Técnica Particular de Loja, en Ecuador, donde hay dos investigadores que forman parte del equipo de investigación C-BIOB y trabajan en el Laboratorio de Geno tecnología, y trabajan con líneas celulares de varios tipos de cáncer.

Con ayuda de ellos el extracto o compuesto es evaluado para determinar sobre qué línea celular tienen efecto y sobre eso se empieza a trabajar.

Otras especies vegetales

El grupo que lidera Carmen Silva ya está trabajando con otras especies vegetales que tienen ciertas propiedades anticancerígenas. Una de ellas es conocida comúnmente como Ajenjo, que ha sido traída desde la región Cajamarca y otra denominada Altamiza o Marco que ha sido recolectada en la provincia de Julcán, en la región La Libertad.

Con estas especies vegetales ya se han hecho exámenes previos y se ha determinado que tienen buena capacidad antioxidantes, antiinflamatorias, y se ha procedido a realizar los exámenes químicos para saber los componentes.

Otro paso importante son los estudios toxicológicos, pues el tratamiento de cáncer requiere un tratamiento crónico y el consumo frecuente de la solución o medicina, por eso los investigadores tienen que asegurarse que este sea seguro, y que cuando la persona lo consuma no le afecte otros órganos.

Con las pruebas realizadas se ha evidenciado que las especies seleccionadas (ajenjo y altamiza) muestran una toxicidad muy leve, casi reversible, y que es propia de la administración en exceso de un extracto, lo cual los hace candidatos óptimos en comparación de otros extractos que sí generan daños hepáticos, renales, neuronales y que obviamente son descartados para el ensayo antitumoral.

La investigadora del Concytec afirma que su objetivo es analizar más especies vegetales, pero la investigación es una pasión costosa y de largo aliento, por eso periódicamente están buscando el financiamiento para sacar adelante los demás proyectos que se requiere para poder analizar otros tipos de cáncer, pues su único objetivo es poner al servicio de la ciudadanía todos los resultados para combatir este tipo de enfermedades y otras.

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